domingo, 1 de junio de 2008

38 - La fuga

En un capítulo anterior deje un vacío narrativo entre el paso por el colegio San Miguel de Buenos Aires y la posterior aparición ganando una moto al aprobar 2º año en la Escuela Normal de Tinogasta, en este período ocurrió un hecho significativo que solo puede atribuirse a la irrupción del destino que en pocas horas transmutó una realidad apacible en el vertiginoso viaje hacia la más extravagante aventura.

Rendía en marzo castellano de primer año en un colegio de Buenos Aires y debía también otra materia, cuando la profesora me pidió que diera ejemplos de cosas concretas y abstractas, le di varios ejemplos de cosas abstractas como la libertad y otras similares, pero al enumerar las concretas, mencioné entre otras el alma humana, justamente para poner de manifiesto la dificultad de su exégesis en el límite de la categoría. Levantando la vista la señora me dijo: retírese está aplazado.

No me dio oportunidad a explicarle que, consciente de lo cuestionable para ese tiempo de mi afirmación había toda una elucubración filosófica y científica que la respaldaba y hasta el diccionario me daba la razón por cuanto dice: “abstracto, ta. (Del lat. abstractus). adj. Que significa alguna cualidad con exclusión del sujeto”. Entonces el alma es concreta por cuanto no se puede excluir del sujeto. Cuando un hombre muere desaparece su cuerpo pero también hay un alma menos en este mundo por más que haya viajado al cielo , al infierno o a “Marduk”.

Pero bueno, ese hecho desencadenó otros que no conviene contar para no herir la susceptibilidad de quienes no tengan la fortaleza necesaria para afrontar desafíos tan duros como aquellos que vivimos mi hermano y yo en 1959. El hecho es que después de estar durante días mencionando nuestros nombres por varias radios del país tratando de ubicar nuestro paradero, aparecimos en Tinogata justo cuando llegaba el Ministro de Educación de la Nación, Luis Rafael Mac'Kay, siendo presidente Frondizi y creó el segundo año en la Escuela Normal de Tinogasta dando la posibilidad de inscribirse hasta con 2 materias previas. ¡Que casualidad!

Escuela Normal de Tinogasta en los 60

Este grupo humano, junto con un plantel de profesores de excelencia escribieron páginas inolvidables que trascendían las vivencias propias de la juventud de la época, ya que además eran unos de las primeras camadas numerosas que accedían a un nivel superior de educación sin salir de su querida Tinogasta.

Tales fueron las vivencias de aquellos años plasmadas en mil y una travesuras que en 1987, con motivo de cumplir las bodas de plata de la promoción, no solo se hicieron presentes a los festejos casi todos los ex compañeros, venidos algunos de muy remotos lugares, sino que se volvió a realizar el encuentro a los 40 años en el 2002 y nuevamente a los 45 años en el 2007, demostrando el alto nivel de amistad y compañerismo que se había logrado en la gloriosa promoción 62.

La promoción 62 festejando los 40 años en el 2002

Carlos Tello, quinto de izquierda a derecha en la última foto, tenía una pequeña moto “Paperino” y como era bonachón y desprendido todos le pedían prestado la moto. Un día me decidí a pedírsela para dar una vuelta a la plaza y me la prestó. Bastó esa vuelta para tomar el objetivo irrenunciable de tener una, pero como ese año turbulento le había prestado poca atención al estudio, al pedirle a mi padre que me comprara una, me dijo que si aprobaba todas las materias en diciembre y también mi hermano, nos compraría una moto a cada uno. Claro, jamás pensó que fuéramos capaces de ganar la apuesta, pero cumplió con su palabra.

Pero la alegría no iba a durar mucho, durante las vacaciones de 1960 me alejé tanto de la casa por la moto que habían ampliado considerablemente el horizontes de aventuras, que un día al volver me encontré con una sorpresa terrible: por mal comportamiento me enviaban internado al colegio Nuestra Señora de Luján. ¡Saz! , el mundo se derrumbó.


Entrada del Colegio Nuestra señora de Luján en Luján Buenos Aires

En este colegio tuve un problema increíble, si bien para mi significaba una “prisión” era un colegio grande y muy lindo donde nada hacía suponer que tuviera un desenlace insólito al poco tiempo. Ocurre que me encontré con nuevos amigos y pasó un tiempo de camaradería hasta saber de dónde éramos cada uno. A diferencia del Colegio San José donde no se podía hablar durante el almuerzo y la cena, a tal punto que si nos faltaba pan debíamos levantar las manos uniendo índices y pulgares hasta que algún cura viera nuestra seña con forma de pan, en éste sí se podía conversar en las largas mesas donde comíamos.

Un día alguien me preguntó que hacía en mi pueblito de Catamarca y le conté que tenía una moto y que con ella la vida era una aventura permanente. Cual fue mi sorpresa cuando mis dichos arrancaron una catarata de carcajadas de mi auditorio cercano que luego fue extendiéndose por toda la mesa con frases que imagino dirían ”.. escuchen al catamarqueño palangana... dice que tiene una moto que es de él...” pero pronto las carcajadas se fueron transformando en insultos cada vez más y más agresivos hasta que por fin quede solo en la mesa y todos me retiraron la confianza y el saludo. No me creyeron que tenía una moto.

A la mañana siguiente al aire libre en un patio, nos hicieron sentar alrededor de una colchoneta tipo judo, recién estaba clareando el alba cuando un profesor de gimnasia comenzó diciendo: haber, ¿alguno de ustedes tiene algo contra otro alumno? , se paró uno de los que el día anterior estuviera en la mesa de la “discordia” y dijo: sí profesor, yo y en contra del catamarqueño ese, señalándome. Me hizo parar el profesor y nos calzó a ambos sendos guantes de boxeador. Bueno, sáquense la bronca ahora dijo y comenzó una dura pelea, el pampeano era duro pero yo era un peleador nato y el combate se extendía cada vez con más dureza, teníamos la cara ensangrentada pero no nos detenían, seguimos golpeándonos ferozmente por un muy largo rato hasta que por fin el profesor declaró empate.

Para abreviar, en todas la clase siguiente alguien pedía pelear con migo, repitiendo escenas como las contadas. Por eso tomé la decisión de irme de esa escuela, se lo hice saber a algún celador y éste seguramente se lo contó al director. Recuerdo que una día cerca de las 2 de la tarde, éste me hizo llamar a su oficina, era un sacerdote mayor, alto y voluminoso, me dijo que lo acompañara a dar un paseo por la escuela, entre consejos y consejos me iba mostrando las casi nulas salidas que tenia la escuela generalmente paredes altísimas hasta conducirme a la puerta principal, la que se ve en la foto. El director me dijo: bien si te quieres escapar de la escuela ya sabes que hay una sola posibilidad, salir por esta puerta, pero claro tendrás un único problema, deberás pasar por sobre mi cadáver.

Era un día jueves, por una pequeña puerta que daba al río Lujan había una pasarela de madera suspendida por cables y los alumnos de la ciudad de Luján podían ese día ir a sus casas mostrando un pase que los acreditaba. Fui al dormitorio y me acerqué a la cama de uno de esos alumnos, vi su pase sobre la cómoda y le dije:
- ¿Te vas?,
- Sí me contestó.
- Pero tienes una mancha en los dientes ¿por que no te lavas?
- Claro y tomó un cepillo dirigiéndose al baño que quedaba lejos.

Tomé entonces su pase y fui corriendo a la cola de los que estaban saliendo, me puse atrás del penúltimo y como se quejaban amenacé con pegarle al que le quité el lugar, éste obedeció por el miedo que me tenían ya que sin quererlo me habían transformado en un destacado boxeador. Mirando para otro lado di el pase y una vez afuera corrí hasta el puente colgante y de ahí hasta la basílica donde me escondí debajo del altar. Esperé la noche, antes de que cerraran salí y me dirigí a la estación de trenes a unas 12 cuadras de allí. Como no tenía dinero esperé que el tren se pusiera en marcha, lo corrí y me subí en el furgón de cola.


A la izquierda Colegio Ntra. Sra. de Luján, río Luján y a la derecha abajo Basílica de Luján

Pero se largó una lluvia torrencial que me empapó y hacía bastante frío, estaba a la intemperie ya que el furgón de cola tenía la puerta cerrada, como a las 4 de la madrugada llegué a Buenos Aires y fui caminando desde plaza Miserere al departamento de mi madre en Azcuénaga y Santa Fe. Cuando me vio no podía creer y casi ni me reconoció.

Se armó un tremendo lío y tuvieron que llamar a mi padre que estaba en Tinogasta, mi madre fue a retirar mis pertenencias en Luján, el director estaba compungido por haber permitido que se le escapara un alumno. Le pidió que me llevara a un psiquiatra.

Unos días después mis padres me llevan a un psiquiatra, me hizo pasar primero a mí y me preguntó cual era mi problema, le dije que yo en Tinogasta vivía una vida maravillosa, que era feliz, que tenía muchos amigos, que tenía una moto que la consideraba una extensión de mi organismo, que nunca estaría conforme si me llevaran a vivir lejos de mi ambiente, que prometía estudiar mucho si me dejaban volver a Tinogasta, etc. El psiquiatra después de escuchar mi alegato atinó a decir que él también haría lo mismo si tuviera que elegir entre vidas tan disímiles.

Luego pasaron mis padres y al salir me dijeron que me llevarían de vuelta a Tinogasta. Así es como vuelvo a hacer el resto de 3º año en la Escuela Normal junto a los compañeros de la foto pero las diversiones fueron muchas y el estudio no tanto y al año siguiente me llevaron a estudiar al Colegio Nacional de Catamarca. De ahí que en estas fiestas de la promoción 62 voy como invitado por adopción ya que realmente me recibí de bachiller en el Colegio Nacional de Catamarca.

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