viernes, 21 de marzo de 2008

33 - Bajo el agua

Acapulco, observaba el mar avanzada la tarde, no sospechaba que minutos después comenzaría una de las má excitantes aventuras jamás vivida y que condicionaría las décadas siguientes.

Un mejicano andaba invitando gente a participar del último tour de buceo del día, como hablaba castellano acepté aclarándole que no tenía la menor idea de cómo bucear. En un ómnibus nos llevaron a un muelle donde una embarcación estaba llena de equipos de buceo. Cuando subimos me di cuenta que todos, gente mayor hombres y mujeres, eran norteamericanos y el mejicano comenzó a explicarles en inglés paso por paso como debían proceder durante la inmersión. El asunto es que ya íbamos llegando al lugar y como en ese entonces no sabía nada de inglés le dije al mejicano:

- Señor, yo no entendí nada, usted dijo que iba a explicar en castellano también.

- Si pero eres el único que hablas español, no te preocupes vas a venir conmigo.

Tiró al mar a todos, unas 30 personas y me puso el tanque de aire comprimido a mí, me acomodó un cinturón lleno de plomos para que me sumergiera y solo me advirtió que al volver a la superficie lo haga con una escala para descomprimirme.

Me sumergí casi 14 metros de golpe, el dolor en los oídos por la presión era terrible pero pronto pasó. El encuentro con el mundo submarino fue extraordinario, como tenía “patas de rana” con pequeños movimientos avanzaba distancias considerables, sin gravedad veía pasar el paisaje del fondo marino sin hacer ningún esfuerzo, estaba repleto de especimenes extraños de todo tipo forma y color, cada tanto se presentaban cardúmenes de peces transparentes que me observaban de frente como delgadas laminitas con un ojo a cada lado, cuando intentaba tocarlos se ponían todos de costado mostrando su forma elíptica. De pronto apareció el mejicano que me señalaba un objeto negro lleno de espinas, ¡OH! cuando quise tocarlo.. el bulto salió corriendo levantando una gran “polvareda” a su paso, era un erizo de mar. Estuve sumergido unos 30 minutos y me indicaron que debía salir por cuanto quedaba poco aire en el tubo.

Muchos años después y habiéndome sumergido en cuanto lugar pude, me ocurrió un hecho insólito, estaba en la isla Cozumel en Méjico y nos sumergimos con un compañero de viaje, en eso encontramos una caverna submarina, nos adentramos hasta llegar a un espacio bastante grande que presentaba una salida distinta del ingreso por donde entraba luz pero ¡OH sorpresa! había un tiburón, era mediano y parecía asustado, nosotros seguimos como si no lo hubiésemos visto hasta alcanzar la salida, a los pocos metros ¡OH nuevamente otra sorpresa!, había un enorme Cristo en el fondo del mar y muchos buzos arrodillados rezando, más allá una virgen.....




El Cristo de Cozumel (1)

Al día siguiente fuimos a Islas Mujeres, alquilamos un auto eléctrico con el que recorríamos las playas:Auto eléctrico, al volante Nélida Pereyra (¡Que peligro!)
En un lugar un cartel hacía referencia a los tiburones, bajamos, nos sumergimos y sacamos un tiburón del agua:
Levantando un pesado tiburón en Islas Mujeres

El bicho era pesado y mi expresión es por la impaciencia de ver que no terminaban de sacar la foto, tanto gritaba que el tiburón se enfureció y nos pego un tremendo coletazo.
Un tiempo después estábamos en Trelew, Chubut, para poder bucear en Puerto Madryn tuvimos que alterar una excursión, madrugamos, fuimos a pié hasta una terminal de ómnibus viajamos 60 km, caminamos hasta un muelle, tomamos una lancha, nos pusimos trajes de neopreno y por fin llegamos mi esposa, una bióloga marina, el instructor y el autor.

Fui el primero en sumergirme, era un lugar lleno de peces algunos bastante grandes y mansos algo difícil de encontrar, había mucho que ver en el fondo marino pero como siempre algo extraño tiene que pasarme, al acercarme a unas rocas una potentísima luz me encegueció, ¡Caramba...que es esto, estoy en el fondo del mar que puede haber sido eso...! retrocedí hasta que el guía me tomó de un brazo y me corrió para un costado, en eso ascendía una medusa, un ser extraordinariamente bello y justo cuando pasaba delante mío otro fogonazo de luz colmó mi capacidad de asombro.

Una hermosa medusa, atrás el autor a la izquierda el guía.

 
Cuando emergimos el guía me pidió en secreto que no les diga a los otros que en el fondo del mar está escondido un fotógrafo.

Seguidamente se sumergió mi esposa que lo hacía por primera vez con equipo de buceo ya que con snorquel lo había hecho en muchísimos lugares

Un pez bastante grande atrás Nélida Pereyra y el instructor.

Contar todas las anécdotas de nuestro peregrinar submarino nos demandaría decenas de páginas, además no poseemos equipamiento para fotografía submarina es por eso que la foto (1) el Cristo de Cozumel no es foto del autor y si alguien se siente molesto por haberla utilizado me lo dice y la elimino.

jueves, 20 de marzo de 2008

32 - En el aire

Con unas 20 primaveras, en una base militar, me acerqué al mundo de los aviones, iniciando una larga serie de aventuras en el aire.
Caza a reacción Morane Saulnier

A la izquierda el autor con el paracaídas puesto que hace de asiento en el caza a reacción Morane Saulnier, adelante iban los pilotos y atrás un riojano y yo. Encendieron los reactores y rápidamente tomamos altura, como seguramente los abrumaríamos con nuestros expresiones de emoción en este primer vuelo y advirtiendo nuestra tonada norteña, los pilotos comenzaron a hacer acrobacias de todo tipo con el fin de asustarnos. Comenzaron invirtiendo el avión con lo que en lugar de mirar el cielo veíamos la tierra abajo, lo estabilizaron preguntándonos si nos había gustado. Si, si.. le dijimos, acto seguido hicieron un “looping”, la fuerza centrífuga de este giro vertical nos aplastó contra los asientos (nuestros paracaídas), y el riojano empezó a sentir el efecto de estas bruscas maniobras, siguieron “tirabuzones” y otras piruetas hasta que llegó lo peor.

Uno de los pilotos dándose vuelta nos preguntó:

- Muchachos, ¿quieren que peguemos una frenada en pleno vuelo?

- ¡AH!... que pícaros que son..., van a frenar un avión, ja ja claro ¿freno de avión es como timbre de mausoleo no?

- ¡HEY!... que graciosos que son... ¿así que según ustedes el avión no tiene frenos..?
-Ja ja ¡claro.. es como bocina de avión!

-¡AH!... pero que graciosos estos norteños, dijo un piloto, ya van a ver lo que les va a pasar...amenazó.



Tablero del Moran Saulnier
- Miren la parte de atrás de las alas, vamos a sacar los “spoilers” y los “flap” dijo uno de ellos, nosotros creíamos que era otra broma más.

- Pero antes observen el altímetro dijo, señalando uno de los tantos chirimbolos del tablero.
Marcaba 6.500 metros de altura y viajábamos a unos 700 kilómetros por hora. La aplicación de estos spoilers fue tan brutal que las correas de los paracaídas que nos cruzaban el pecho, prendidas a la cabina por nuestras espaldas, se hundían en la poca carne que teníamos en esa época. Era tan brusca la desaceleración que la presión de las correas no nos permitía respirar y el riojano comenzó a ponerse colorado, no aflojaban el frenado, cayendo la máquina vertiginosamente hacia el suelo. A pocos metros de un aparente impacto quitaron los spoilers y aceleraron al máximo, trepando el caza nuevamente a toda velocidad. Lamentablemente mi compañero no aguantó más y pidió que de inmediato lo devolvieran a tierra y de esa manera terminaba anticipadamente el bautismo en el aire .

En otra oportunidad, viajaba en un Avro de Aerolíneas Argentinas que debía hacer escala en Córdoba para reabastecer combustible pero cuando llegamos, ya de noche, el avión daba vueltas y vueltas al aeropuerto pero no aterrizaba. Los pasajeros comenzaron a murmurar y se percibían señales de desasosiego. Como iba en una ventanilla y era un viajero frecuente notaba algo raro, la pista no estaba iluminada. De pronto la voz del comandante descargó la adrenalina, dijo: ”...señores pasajeros, el comandante les informar que el avión se esta quedando sin combustible... no pudimos aterrizar por cuanto un pirata aéreo ha secuestrado un avión de Austral y exige que las luces de las pistas permanezcan apagadas, pedimos que iluminen una pista lateral con balizado manual pero la tarea va lenta y deberemos aterrizar de cualquier modo”. “Tripulación: prepararse para un aterrizaje de emergencia, rogamos tranquilidad a los pasajeros”.

A partir de ese momento el avión se transformó en un caos, gritos desgarradores partían de diferentes asientos, lamentaba viajar solo porque me hubiera gustado descargar la angustia contenida, pero percibir el miedo que se iba apoderando de la gente, me llevó a exigirme autocontrol. ¡No puede ser que haya llegado mi hora! pensaba, vamos a poder aterrizar, afrontaba la situación con coraje pero tenso. Algunas personas reclamaban calma a los gritos, pero había mujeres que lloraban. Por fin el avión casi en plena oscuridad tocó tierra sin mayores problemas, en una pista secundaria vinculada a la cabecera de la principal. Pero la tranquilidad del aterrizaje iba a durar poco.

Como el avión detuvo los motores y hacía calor, abrieron una puerta delantera, nadie podía bajar porque no había escalerilla. A partir de ese momento comenzó dentro del avión una serie de sucesos, un hombre alto y corpulento se paró adelante, dijo pertenecer a los servicios secretos y que conduciría la situación, como pronto apagaron las luces interiores del avión apenas si lo distinguíamos. El comandante cada tanto daba un parte, a través de azafatas de lo que le transmitían de la torre de control, dando cuenta de la situación caótica que había en el aeropuerto ya que las negociaciones con los secuestradores no avanzaba.

Transcurrían las horas y el supuesto “agente” había dicho tantas cosas acerca de los posibles desenlaces del secuestro que no sabíamos si debíamos tranquilizarnos o preocuparnos. De pronto se encendieron las luces de la pista principal y se informó que el avión de Austral despegaría con un grupo de secuestradores a bordo. El avión recorrió toda la pista lentamente sin levantar vuelo con luces delanteras potentes, cuando iba llegando al lugar donde estaba el nuestro, el “agente” dijo que al vernos podrían ametrallarnos por lo que nos obligó a tirarnos a todos en el pasillo, fue tremendo, en la oscuridad y en un pasillo tan estrecho no cabíamos por lo que unos estaban aplastando a otros y para colmo de males el avión secuestrado al girar para despegar nos vio y se detuvo alumbrándonos por la puerta abierta, el caos era mucho peor que cuando nos anunciaron el aterrizaje de emergencia. Esperábamos las ráfagas de ametralladora en cualquier momento.

Por fin el avión despegó y el nuestro pudo llegar al aeropuerto, era un mundo de gente y de periodistas, un hombre de sombrero negro con un cuello de toro, mantenía contra la pared elevándolo del suelo a uno de los pasajeros de Austral que habían dejado bajar del avión, lo increpaba a viva voz con acento extranjero, decían que era uno de los agentes de la CIA que intervinieron en el caso.

El resto de lo ocurrido fue de público conocimiento, dejo muchísimas otras anécdotas para otros capítulos.

Nota: He agregado varias fotos en los capítulos anteriores, también logré digitalizar algunas diapositivas como la de este capítulo lo que me permitirá agregar en los próximos días muchas otras imágenes.

lunes, 10 de marzo de 2008

31 - El candidato

Hacía poco que había regresado de Mendoza donde a modo de tesis para la cátedra de Economía, había elaborado un estudio sobre la reforma agraria en el mundo. Eran tiempos donde se hablaba del milagro japonés, se leía el Desafío Americano de Jacques Servan Schreiber y de las nociones de economía modernas que sacaban del subdesarrollo a una gran cantidad de países.

Así fue que al regreso de la democracia y siendo de una vieja familia de conservadores, acepté la propuesta del partido Demócrata de Catamarca para presentarme como candidato a diputado provincial. Los dirigentes partidarios de la ciudad creyeron necesario paliar mi inexperiencia política enviándome algunos “asesores” de campaña. Un día uno de ellos que apenas conocí, que según me informaron tenía “llegada” con la gente, me preparó un acto en un local cerrado tal como lo establecía la reglamentación. Como iba a ser mi primer discurso político me preparé con toda dedicación repasando los conceptos claves de desarrollo que aplicaría en mi programa de trabajo como diputado para tratar de sacar a Tinogasta del atraso.

En un galpón cerca de la estación de trenes encontré sentado un público numeroso, subí al estrado con una extraña impresión ya que los presentes, una mayoría de mujeres adultas, parecían ser gente humilde y poco interesadas en mis disquisiciones intelectuales. A medida que desarrollaba el discurso, en lugar de aportarle vehemencia a mis palabras, los rostros carilargos de los presentes, que pronto mostraron una metamorfosis hacia el desasosiego, me llevaban a desacelerar y abreviar al máximo mis palabras, pero todo terminó súbitamente cuando una señora que estaba en primera fila me gritó:

-Pero joven ¿qué hora nos van a entregar los remedios?

-¿Qué remedios? Le pregunté.

-Los que nos prometió el curandero, contestó.

-¿Qué curandero? Esto es un acto político repliqué.

- Que acto político ni ocho cuartos, nosotros vinimos porque el curandero nos dijo que aquí nos van a entregar los yuyos de remedio.

-¿Todos los presentes vinieron por lo mismo? Pregunté dirigiéndome a todos.

- Si, si, queremos los remedios.......

Así termino mi primer acto político, le dije al “asesor” responsable del hecho que prescindiría de su colaboración.

Me enviaron otro, un escritor y poeta oriundo de Tinogasta pero que hacía muchas décadas que vivía en la ciudad de Catamarca. Era de origen peronista y llevaba el nombre de un filósofo, aquel que pidió a Alejandro Magno que se quitara del sol. Con este asesor recorrimos todo el departamento de Tinogasta desde Cerro Negro hasta Palo Blanco.

Las cosas que nos sucedieron fueron increíbles, las personas de lugares alejados que no me conocían al menos me escucharon pero las de Tinogasta que en general si me conocían me paraban de entrada diciéndome “..no lo vamos a apoyar porque usted no necesita...” así, cosechando rechazos y afrentas seguimos andando caminos sin claudicar hasta que llegamos a Medanitos, la tierra donde mi padre había creado de la nada un emporio de trabajo para decenas de familias y había hecho crecer poblaciones que hoy son importantes.

Como la finca “Istataco” tomaba el agua de riego uno 5 kilómetros aguas arriba para lograr el nivel que permitía regar los cultivos, mucha gente se fue instalando cerca de la acequia y poco a poco extendiendo las usurpaciones y cercándolas. Así llegamos a la “propiedad” de uno de estos usurpadores. El asesor golpeó las manos y al vernos, los moradores del rancho nos “chumbaron” los perros debiendo subir precipitadamente a la camioneta en que andábamos.

Más adelante llegamos a un rancho de cañas tapado hasta la mitad por la arena, decían que ahí vivía una señora políticamente importante. El asesor golpeó las manos:

- ¿Quién anda? Se sintió una voz grave desde el interior del rancho.

- Andamos con el ingeniero Cuello le contestó, queríamos hablarla, señora...

-¿De qué raza es...? Atronó con voz potentísima la señora sin mostrar su cara.

Le hice señas al asesor de que nos fuéramos y si bien seguimos hasta Palo Blanco, después de aquellas semanas inolvidables de campaña ya tenía un panorama claro de la realidad política social y cultural del departamento.

Por fin llegó el día de las elecciones, habíamos hecho preparar una cantidad muy grande de riquísimas empanadas con la persona más idónea para la tarea, las repartimos en todas las mesas, se las dimos hasta a los opositores que al menos destacaron su excelente calidad. Cuando hicimos el recuento de votos encontramos que habíamos dado 50 empanadas por cada voto que sacamos.

No nos habían votado ni los fiscales.....

domingo, 2 de marzo de 2008

30 - El muerto

Habían ocurrido tantas cosas extrañas en mi corta vida, que en aquel amanecer, alguna condición etérea modificó la luz, hecho ya conocido y premonitorio de cosas terribles por venir, o quizás fuera la forma subjetiva de percibirla pero me levanté sintiendo algo extraño, difícil de definir, como difícil sería de entender lo que me tenía preparado el destino aquella mañana.

Debía ir a la escuela, como lo hacía habitualmente, no era de los que se hicieran la “yuta” para escapar de una lección mal estudiada; bajé donde tomaba el desayuno, pero una voluntad ajena que parecía poseerme me llevó hasta mi moto Zanella Ceccatto. Nunca iba a la escuela en la moto porque quedaba muy cerca de mi casa, pero esa mañana impulsado por el destino, arranqué raudamente hacia lo desconocido, me dirigí a la ruta de ingreso a Tinogasta corriendo por la llamada “vista larga” paralela a la vía del ferrocarril sin tener la menor idea hacia dónde me dirigía.

De pronto, sin distinguir los actos voluntarios de los que provienen de dimensiones paralelas detuve rápidamente la marcha y estacioné la moto en la banquina derecha de la ruta, miré en todas direcciones, era temprano, no había ningún vehículo ni persona a la vista. Nuevamente en una especie de trance, sin poder recuperar el control pleno de mis actos esperaba perturbado la llegada de una nueva “orden”, de inmediato miré hacia las vías del tren y hacia allí fui trepando al terraplén. ¡OH Dios mío! .. apenas asomé por el otro lado encontré recostado con la cabeza hacia las vías un hombre muerto en descomposición, estaba hinchado y con los ojos desorbitados, se le había roto la ropa por la hinchazón del cuerpo y tenía ambos pies aplastados por el tren.

Con un nudo en la garganta, estremecido y asustado salí a los saltos hasta llegar a la moto, la puse en marcha y volví a Tinogata a toda velocidad, me sentía liberado, había recuperado totalmente el control y solo trataba de organizar el aviso a la policía o a quien fuere. No había casi nadie en las calles del pueblo cuando detuve la moto frente a la policía y entré corriendo a dar aviso de lo sucedido. A las pocas horas Tinogatsa era un hervidero de vehículos, ambulancias, personas que salían a comentar el increíble hecho.

Pero esta narración no tendría razón alguna para contarse de no ser por lo que sucedió treinta años después. Una noche, estaba sentado en un lugar que por razones legales no puedo mencionar en una mesa con muchas personas, y recordando cosas del pasado conté esta anécdota que para algunos habrá sido la enésima vez que la escuchaban, para otros resultaría una sorpresa y para algunos motivo de un profundo silencio. Al rato por lo tarde de la hora, se comenzaron a ir los integrantes del encuentro hasta quedarme solo con una persona. Este último, comprobando que no había nadie cerca me dijo en voz baja:

-Yo se de su historia porque estuve en la casa donde una noche mataron a ese hombre.
-¿Cómo? Le dije.
- Si, lo mataron, lo llevaron hasta la vía y lo dejaron allí para que pareciera un accidente.

(Aquí hay una parte que no puedo contar, pido disculpas).

-Pero ¿quién lo mató? Le pregunté.
- Uno de los que acaban de irse estaba en el grupo.
- OH.... fin del cuento.